*Dedico este divertimento a todas aquellas y todos aquellos que siempre encontrarán más fácilmente un hueco en una biblioteca que en la sociedad.
*A mí el orden y la tranquilidad me serenan. Soy así. Necesito inmutabilidad y precisión. No habría podido trabajar en una estación de tren: demasiado ajetreo, y me angustio solo de pensar que un tren pueda llegar tarde. Además, ya no viajo en tren, se me ha pasado la edad. En coche tampoco, es demasiado peligroso, y además no me gustan los aparcamientos; me gusta la belleza a la antigua: solo de pensar que puedan llevarme por una vía de circunvalación, me dan espasmos.
*A los hombres, ya he renunciado. Aquí es imposible, imposible. No es que estemos en el campo, pero, mire usted, para alguien que tenga un espíritu delicado, sensible y culto como el mío, esto es muy… muy provinciano. Yo necesito otras cosas. De hecho, lo he estado pensando (en este oficio sobra tiempo para reflexionar) y me he dicho que no podría ser sensible al encanto de un hombre con menos estudios que yo. Los tenderos, sin ir más lejos, por muchos piropos que me echen, bueno, ahora ya no lo hacen, pero incluso cuando me hacían algún que otro cumplido, algún guiño, pues yo ni los miraba. Poco intelectuales. Para que me guste, un hombre puede ser más bajo que yo, más alto, más pobre, más rico, menor que yo, mayor que yo, eso no es problema, soy de mente abierta, ¿sabe?, pero tiene que ser más inteligente. E ir bien afeitado, me repugna la gente que va desaliñada.
*Total, que lo veía delante de mí, a aquel joven, y aun así no le prestaba atención. Sin embargo, como hay que caminar cinco minutos hasta llegar a esta maldita puerta, seguí mirando lo que me enseñaba de él, sus piernas, su espalda, su nuca. No es que me deleite especialmente mirar a los chicos, no es mi estilo, en eso convendrá conmigo, pero no tenía otra cosa que hacer. Porque a mí no me gusta eso de pasearme con un perforador de oídos que te taladra el cerebro directamente con música enlatada. No es lo mío. Para nada. A todos esos zombis los veo en el bus. Éste conectado al iPod, el otro al móvil, aquel aporreando el teclado. Y no verá a ninguno de esos seres apalancados leyendo en el autobús. Jamás. Sería esforzarse mucho. ¿Y luego quiere que vengan a instruirse en las secciones de nuestra biblioteca? No, pero mírelos, esos descerebrados, es imposible, imposible.
*Ésa es mi gran contradicción: me gustan los hombres más inteligentes, pero solo de pensar que podría parecer una niña estúpida, me quedo paralizada
*¿Cómo que «no hace falta que grite»? No grito, me exalto, que es distinto.
*Los dos juntos, libro y lector, en el momento adecuado de la vida de cada uno, eso puede producir chispas, una llamarada, una hoguera, puede cambiar una vida.
*Todo ser humano mínimamente culto debe medir alguna vez el alcance de su profunda impotencia. Yo, cuanto más envejezco, más consciente soy de mi finitud.
*Para escribir hay que tener algún problema sexual. Es obvio. O demasiada líbido o demasiada poca. A escoger. Pero escribir es sexual. Entonces entienda usted que yo, entre tantos libros, con Martin ahí, al alcance de mis brazos… Menos mal que existen dos mil años de civilización tras de mí y el ficus entre ambos, que si no… ¿Qué estaba diciendo? Sí, que escribir es sexual. Uno no se encierra diez horas al día para escribir si todo le va bien en la vida. La escritura solo llega cuando algo no funciona. Si todo el mundo fuese feliz en la tierra, no se escribirían más que recetas de cocina y tarjetas postales, no habría ni libros, ni literatura, ni bibliotecas. Sería señal de que la humanidad ha terminado por fin con sus angustias y sus problemas del pajarito.
*Pobre Simone, pobre de mí… No, de verdad, no pensaba que la cultura sería esto.
*Todos los días me digo: ¿y si no vuelve? ¿Y si todo está perdido? ¿Para qué, entonces, haber anotado la signatura de todos estos libros? ¿Para qué haber malgastado mi juventud transcurrida en bibliotecas con la calefacción a tope? Sí: ¿para qué Simone de Beauvoir y Eugéne Morel, si Martín no vuelve?

Didier Anzieu
The Saddest Song in the World, by Jodie Mack
Brian Dettmer
Alina Chau
Symmetry, by Everynone
Jean Giraud (Moebius)
Palomas migratorias, John James Audubon
Tamarino león dorado
Colibrí esmeralda
cecilchan asked: So I saw you on the WGC stream but had no idea who you were... so what is your background on fighting games?
Hey! I’ve just played SF4 :p when I was little I used to mash in MK3, SF Alpha3, etc, with my brother but it wasn’t until last year that I started really playing =)
The kiss, Edvard Munch
La nadería de la personalidad, Jorge Luis Borges.
The life of Charles Dickens, by BBC
BUT NOT TODAY!
michael page
Operación bikini
El original AQUÍ
Joseph Meredith - Losing It One By One (2012)